El caballero no respondió. Simplemente asintió con la cabeza y continuó su camino, adentrándose más en el bosque.
La niebla se cernía sobre el bosque del rey como un manto húmedo y gris, ocultando los troncos de los árboles y dificultando la visión de los viajeros. En medio de aquella bruma, un caballero solitario montaba su caballo, con la capucha de su capa subida para protegerse del frío y la humedad.
"Recuerda que la redención no es un destino, sino un viaje", dijo el septón. "Y no estás solo en este camino". El caballero no respondió
Al final, el caballero misterioso se marchó, con una determinación renovada en su rostro. Ebrose lo bendijo y le dio un pequeño pergamino con un símbolo sagrado.
Mientras cabalgaba, el caballero misterioso se cruzó con un grupo de leñadores que regresaban a su aldea, cargados de leña y herramientas. Estos, intrigados por la presencia del forastero, se detuvieron a observarlo. En medio de aquella bruma, un caballero solitario
"¿Quién eres, caballero?" preguntó Ebrose, su voz firme pero respetuosa.
Era un hombre alto y delgado, con una armadura oscura y sin señales de escudo o estandarte que identificara su linaje o su casa. Su rostro estaba oculto tras un yelmo de visera cerrada, lo que hacía imposible discernir sus facciones. Al final, el caballero misterioso se marchó, con
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